He tomado la decisión de dejarte, aunque en realidad tú fuiste quien se fue primero y yo de idiota me aferré con la esperanza de que regresarías a mi lado cuando en realidad ya caminabas lejos
Siempre puse la excusa de que era por amor todo lo que tú hacías; más bien, yo te permití tantas cosas que cuando me di cuenta, se te había hecho costumbre. Por ejemplo: el llegar tarde siempre a nuestras citas o el cancelar en último momento, la falta de interés en esta relación, tu obsesión por el trabajo.
A veces pienso que te dejé de gustar, que hay alguien más, pero ahora qué más da eso… A tu lado perdí mi dignidad una y otra vez, me olvidé de la valiosa mujer que soy. ¿En qué momento dejé de respetarme a mí misma y permitirte que me pisotearas? ¿A qué hora pasé de la novia a un juguete entre tus manos?

Tú pusiste las condiciones y las acepté, como si lo que tuviéramos fuese un contrato que cuando te pareciese lo pudieses romper; nos veíamos cuando tú podías y ahí estaba yo de idiota con la esperanza de que llamaras. Me sentí más bien una dama de compañía, porque siempre las citas eran de prisa.
Estaba cegada por el amor que decía tenerte, pero a decir verdad, era un miedo el cual no me dejará avanzar si no te dejo ir, tengo que cerrar un circulo contigo. Necesito rencontrarme con la mujer fuerte y guerrera que soy, la que ni por un momento hubiese dejado a un lado su dignidad por un hombre que no vale la pena.
Te dejo porque me cansé de este desgaste de amarte y darte lo mejor de mí sin que fuese recíproco